Los Tangos inconclusos

octobre 29, 2007

        Le di letras a mi última introspección desde el sábado, madrugada para domingo. Tuve que acudir a la almeja verde porque así como mi corazón no funcionaba… tampoco la máquina traga sueños. Transcribo y añado; porque el domingo  me sorprendió tristemente con una iguana enfermito y hoy soy todo ganglio inflamado.    ************************************************** 

      Y justo después de escucharlo que los demás piensan sobre la persona que uno considera 90% empática… resulta que sí. Es cierto y comprobable; lo escuchado se parece mucho a la percepción que obtenemos pero comienza el desempeño en justificar porque resultaría sumamente desagradable aceptar que compartimos el oxígeno con alguien que no nos corresponde.      

Supe de un hombre que se portó terriblemente mal. Fue inmoralmente desleal en varias ocasiones y ni siquiera trató de disculparse.

       Conocer la historia en voz de la afectada provocó mi solidaridad y también mi opinión, reprobando sin miramientos la conducta del tipo y abrazando a la mujer que platicaba los hechos. Ahora dicha mujer le ha puesto nombre a mi archivo de expedientes “X”. 

        Hace meses que pensaba en la canción del ex génesis (Both sides of the story) disculpen mi pésima pronunciación. Opté por excluir mis arrebatos paranoicos y defender a toda costa el vínculo con mi mujer, la víctima de insolencia, la triste, la afectada… opté por tomar su versión y hacer que nada coincidía con la lógica, lo inhumanamente humano que puede suceder,  claro está que yo ni de Savater conozco; luego entonces la ética no es tema dentro de mi deficiente coeficiente y por ello su verdad era mi verdad.

       He visto al hombre que destruyó la vida de mi amada. Lo he visto en tres o cuatro ocasiones y lo he aniquilado, he vuelto invisible su existir en el planeta porque sencillamente le hizo daño a la mujer que yo amo.

    Bueno, tanto se escucha y se nota que es momento de aceptar la lección fabulosa que estoy aprendiendo, como años atrás solía recalcar al público: No podemos saberlo todo. 

       El ejemplo de las versiones y visiones me hace recordar a un compañero en bachillerato que se quejaba por los conflictos a los que estaba expuesto de formas constantes, hasta que un día se me ocurrió enfrentarlo y le dije: 

  ¿Te has dado cuenta que en toa situación problemática y chisme apareces tú en medio?

¿No será que eres el tuétano del conflicto?

    Me castigó con silencio por una semana, después calmó sus “iris” pero la idea de “Yo siempre tengo mala suerte” no se le quitó nunca.

       No es mi deseo divagar… hablo mucho, lo sé. El punto aquí es: Fui un verdadero dolor en el trasero con mis parejas anteriores y… ¿por eso buscaron sentirse superiores de alguna manera? Es posible. 

         Aquélla chica a la que tanto le gustaba hacer ejercicio y me comparaba con sus ex novios modelos… a aquélla chica la hice sentir idiota, idiota de verdad.

        Pasado el tiempo y la relación, yo comentaba anécdotas donde ella aparecía como una mujer aplastante que se burlaba de mis conocimientos literarios y decidía cerrar noches hablando de sus parejas de revista… optaba en realidad por defender su autoestima, porque mientras yo decía ser naturalmente inteligente, estaba derrochando opulencia neuronal y eso… eso es sumamente ofensivo.

   ¡Pero vaya si me defendía y cuánto! Además muy sencillito yo, juré jamás haber tenido la intención de hacerle doler… pero lo hice.

         Tal vez mi inmadurez era tal que creía no estar haciendo daño y también levanté la voz contando una y otra vez mi triste historia. Ella atentó contra mi amor propio porque sí ¿nada más porque sí? No. Mientras yo estaba atentando contra su orgullo, su auto estima, su valor como ser humano al hablar, corregir y emplear frases que la hacían sentir estúpida; ella luchaba por mantener su salud mental en alto. Ella no era estúpida, yo lo fui. 

         Entender esto lleva mucho tiempo, aceptar que hoy soy yo el “ignorante” resulta muy doloroso, sobre todo porque entiendo el daño que hice en el pasado, pero saldré de esto igual que mi iguana saldrá de su enfermedad metabólica. 

       De lo que estoy seguro en el presente es que al tipo ese, al malo, al monstruo del que me han hablado… no volveré a juzgarlo duramente, después de todo él no es parte de mi historia y lo único que pasa por mi cabeza es que debió sentirse calificado, expuesto, menospreciado… tal vez por eso se auto reprobó y terminó siendo el verdugo.      

Jean Bencomo Carpoise

http://www.tantritas.wordpress.com

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